No me gusta demasiado hablar de este tema, ya que siempre que
lo toco, me entra un poco de miedo, desesperanza y sentimiento de
incomprensión.
Pero tras casi 4 años de búsqueda de bebé y no habiendo encontrado
en la red ningún testimonio o información sobre el tema, me decido a contar
cómo lo he vivido/lo vivo yo. En primera persona. Esta es mi visión PERSONAL del asunto, con las consideraciones personales que me afectan a mí. No pretendo dar lecciones a nadie.
Los que lleváis mucho tiempo por aquí ya sabéis que tengo una
hija preciosa, conocida como Criatura, o “la rubia”, que me ha llenado el
corazón y la vida.
Nunca fui una persona con instinto maternal.
Nunca tuve claro si quería hijos o no. Hasta que un día, el
chip interno me cambió y me decidí/nos decidimos a aumentar nuestra familia de
2.
Criatura llegó el segundo mes de búsqueda (y el primero casi
no lo cuento porque la regla me bajó a los 15 días de dejar de tomarme la
píldora).
Fue un regalo. O un milagro, ahora lo tengo claro.
Los primeros meses fueron duros. No hablo de la falta de
sueño, ni del cansancio. Hablo de mi pérdida de individualidad. Ya he comentado
muchas veces en el blog que me resultó difícil acoplar mi vida a la de esa
personita que me necesitaba y que dependía de mí todo el tiempo. Aunque,
afortunadamente, esa sensación fue mitigándose con el paso de los meses, y ya
hoy ha desaparecido por completo.
Sin embargo, nuestro deseo era tener más hijos. Siempre dije
que no tendría un hijo único. Que, o bien no tenía ninguno (algo que no me
parecía para nada horrible), o bien tenía más de uno.
Así que, nos pusimos manos a la obra pasada la cuarentena.
Como lo oís.
Nos parecía buena idea que los niños no se llevasen mucho
tiempo. Los criaríamos a la vez, y veíamos más ventajas que inconvenientes en
ello.
Como con Criatura fue tan fácil la concepción, esperábamos
formar una familia numerosa en un par de años. Como mucho. ¡Ja!
Los meses pasaban y el ansiado positivo no llegaba.
A los 9 meses de comenzar a intentarlo, fui a mi ginecóloga
de entonces planteándole mis dudas. La enfermera y ella se rieron en mi cara
(literalmente) y me acusaron de ser una impaciente. ¡Si había tenido una hija
sin ningún problema! ¡Cómo iba a tener problemas de fertilidad!
Me hicieron unas analíticas hormonales y me dijeron que todo
estaba OK. Por entonces, mi FSH ya era alta y, mirándola con un poco de cariño,
podrían haber visto que eso indicaba que mi reserva ovárica no era grande. Pero
me ignoraron.
Al año de comenzar a intentarlo, a mi padre le
diagnosticaron un cáncer terminal que hizo que postergase aún más mi visita al
ginecólogo.
Al año y medio volví a preguntar, esta vez cambiándome de
ginecólogo.
Este segundo gine, me confirmó mis sospechas. Mis óvulos
eran pocos y malos. Padre estaba OK. Comencé un tratamiento con Omifín y nos
recomendó una Inseminación Artificial (IA). Tuve mucha suerte y me quedé
embarazada a la primera. No podía creerlo.
Ese embarazo, sin embargo, se paró a las 8 semanas (y me lo
diagnosticaron a las 10). La ginecóloga que me vio en urgencias cuando comencé
a manchar y no me mandó reposo absoluto (a pesar de mis preguntas y de mis
miedos) tiene mi odio más sincero. Nunca sabré qué habría pasado si me hubiera
quedado en casa reposando.
Tras el aborto y el legrado, cambié de ginecólogo y encontré
a uno que me dio mucha confianza. Eso sí, a base de talonario. Pero yo
tranquila.
En la primera eco me vio dos quistes gigantes, con toda la
pinta de ser endometriosis.
Me operó y me los quitó (pasé por quirófano dos veces en dos
meses, mientras mi padre, ingresado en otro hospital, agonizaba). De paso
aprovechó para ver el estado de mis trompas. Todo más o menos bien, una mejor
que otra, pero nada grave ni ninguna obstrucción importante.
Un mes más tarde, mi padre murió.
Comenzamos con tratamientos anti-endometriosis. Con anticonceptivos
durante pocos meses para ver si de forma natural conseguíamos el positivo.NADA.
Después vinieron las IA’s en su consulta. 5 ciclos en total.
3 se cancelaron porque a pesar de las mierdas que me
pinchaba, mis folículos no crecían.
Las otras 2 que llevamos a término no funcionaron.
Y después de todo esto… ¿cómo lo llevo yo? ¿Qué conclusiones
he sacado?
- Lo llevo mal. Me encantaría decir que he
conseguido relajarme y no pensar en ello. Mentira cochina. Cada maldito mes,
cada vez que me baja la regla, me sobreviene una sensación horrible de
frustración y desesperanza.
- Poca gente lo entiende. Primero, porque ya soy
madre y, por tanto, una afortunada. Sé que hay gente que no ha podido
experimentar la maternidad. Y sé que eso es mucho peor que “lo mío”. Pero no os
voy a mentir. Mi angustia y mi ansiedad es real, como la de ellas. El factor “ser
hija única”, en mi caso tampoco ayuda. El hecho de que Criatura esté creciendo
sin hermanos me angustia tanto o más que mi propia infertilidad. Siempre he
echado de menos tener hermanos, y aunque sé de sobra que estoy proyectando esta
frustración en la vida de mi hija, pensando que ella también lo va a pasar mal
por no tenerlos, no puedo evitar agobiarme cada vez que la veo cumplir años sin
tener hermanos.
- La infertilidad no se lleva igual siendo mujer
que siendo hombre. Como en todo, habrá excepciones. Pero no es lo mismo. La
mujer es la que visita 10 veces al día el baño, comprobando si las bragas
siguen blancas o si has comenzado a manchar. Es la mujer la que lleva todo el
peso psicológico, y también físico. La que se pincha miles de hormonas, la que
engorda, la que intenta preparar su cuerpo tomando las vitaminas que haga
falta. La que todos los meses, sin excepción, busca síntomas en su cuerpo que
le indiquen que este, sí, ha podido ser EL MES. La que acude al ginecólogo cada
dos días, a ver si sus folículos han respondido o no a las inyecciones. La que
ve un bebé y siente cómo se le saltan las lágrimas.
- Hay dos situaciones que me inquietan extraordinariamente:
o El
momento en que Criatura me pregunte por qué ella no tiene hermanos y el resto
de niños sí. Aún no ha llegado ese momento, pero ya ha ido haciendo
indagaciones al respecto y eso me genera tanta ansiedad… Sé que los niños
aceptan bien las cosas cuando se les explica con normalidad y de una forma
sincera, pero… lo que temo es ponerme a llorar como una loca y ser incapaz de
pronunciar palabra.
o El
momento en que alguien cercano te anuncia embarazo. Lo siento, algunas de mis
amigas que me leen están embarazadas. Sé que no es justo. Sé que me alegro de
que nadie a quien quiero tenga que pasar por ello… pero es horroroso. Cuando sé
que alguna está a la búsqueda, me aterra pensar que me van a comunicar su
embarazo. Tener que sonreír mientras piensas que llevas 4 años intentándolo con
todas tus fuerzas, sin conseguirlo… Notar las lágrimas en la garganta, ese nudo
que se forma y que no baja, no baja. Pensar ¿por qué yo no? ¿Por qué la vida es
tan injusta conmigo? Recuerdo cuando un par de meses después de mi legrado, una
persona muy cercana a nosotros nos anunció su embarazo en casa. Puse mi mejor
sonrisa y me fui a la cocina “a preparar la merienda” mientras lloraba de forma
incontrolada durante media hora. No es que no me alegre por ellos, es que me da
pena por mí.
- He cambiado de opinión mil veces. He pasado por
todos los estadios anímicos. Desesperanza, ilusión, cambio de táctica, cambio
de planteamiento… sin ningún éxito, por cierto. He pasado de pensar que la FIV
es una aberración a pensar que igual es la solución, he pasado de pensar que la
ovodonación en mi caso sería una locura, a pensar que no me importaría recurrir
a ella si se diera el caso.
- Me he dado cuenta de que si la adopción en este
país fuera más fácil, muchas parejas iríamos por ese camino sin pensarlo.
Desgraciadamente, hay pocos países en los que sea fácil adoptar y la lista de
adopción nacional de bebés sanos está cerrada. No entiendo por qué si eres
ciudadano francés o estadounidense lo tienes mucho más fácil que si eres
español. ¿Somos desgraciados también para esto?
- Los comentarios sobre la relajación para
conseguir un embarazo, no funcionan. Por favor, aquellas que tenemos un
problema de fertilidad diagnosticado no somos gilipollas o enfermas mentales.
No es que no nos quedemos embarazadas porque no estemos relajadas… ¡es que no
nos relajamos porque no nos quedamos!
- No se pregunta a las personas por qué no tienen
más hijos, para cuándo la parejita o por qué no le das hermanos a tu hija.
Nunca se saben las razones. Por favor, absteneos de preguntar eso a la gente de
vuestro alrededor. Incluso aunque tengan hijos. Que tengan uno no significa que
puedan tener más.
-Y por favor, cuando haga el tremendo esfuerzo de
ir a ver a tu niño recién nacido… no me obligues a cogerlo. Para mí
es duro pensar que a lo mejor nunca más podré tener un bebé propio en brazos.
Por último, permitidme un briconsejo. Sólo uno.
No demoréis en exceso la maternidad. Es cierto que mucha
gente de 30 y tantos ó 40 no tiene problemas para quedarse embarazada. Pero
muchas otras sí. No lo dejéis pasar. Si tenéis claro que la maternidad entra
dentro de vuestros planes… cuanto antes. Nunca se dan las circunstancias
ideales. Nunca se está preparada. Nunca se tiene un trabajo suficientemente
bueno o estable. O una casa suficientemente grande.
Y aunque emocional y físicamente nos encontremos de puta
madre con 30 años… nuestros óvulos van por libre.
(Perdonadme el tocho y la parte lacrimógena del asunto. Para
mí es duro hablar de este tema, pero creo que el no hablarlo entre nosotras, es
aún peor).