Es decir, despliegan un montón de gráficos, cifras y mandangas, para hacernos creer que trabajamos en la mejor empresa del sector y que están muy agradecidos por el trabajo que desarrollamos.
Hasta ahí, lo normal.
Después de estas charlas (aburridísimas, por cierto), suele haber algún tipo de actividad grupal, deportiva, o del estilo. Se come, se bebe y a casa.
Ayer, el evento anual se desarrollaba dentro de los mismos cauces que siempre, pero entre las dos partes (la coñazo y la lúdico-festiva), uno de los señores de traje tuvo a bien invitar a un tercero en discordia que nos removió las entrañas, nos encogió el corazón y nos hizo llorar (públicamente a todas las madres, aunque sospecho que todos los chicos también sintieron el nudo en el estómago).
El tercero en discordia era el presidente de una ONG que lucha contra el hambre. Y que nos habló de cosas realmente importantes. De cifras que miden algo más que el margen de una compañía, cifras que suponen la diferencia entre vivir y morir.
En lugar de gráficos, nos puso fotos de niños desnutridos.
En vez de crecimiento negativo, nos habló de desnutrición que deja problemas neuronales y secuelas de por vida.
No habló de expansión internacional, sino de cambio climático y ausencia de agua, algo que destroza las cosechas y aumenta más la hambruna algunos años.
No dijo nada de empresas competidoras, sino de grupos terroristas como Al Qaeda, que impide que la ayuda internacional les llegue... (como si no tuvieran bastante ya).
Y en medio de todo esto, cuando nos estaba explicando sus formas de luchar contra el hambre, nos habló de algo que me puso la carne de gallina (aún más).
Nos habló de sus programas para fomentar la confianza madre-hijo, porque estos niños, desde bebés, viendo que sus madres (o padres) no pueden alimentarles, pierden la confianza en ellos.
Me pareció algo tan duro, tan estremecedor... un "detalle" en el que nunca habría reparado yo sola... Bebés de tan sólo 6 meses que rechazan a sus progenitores porque no entienden que no les den de comer... y padres destrozados por no poder darles a sus hijos algo que llevarse a la boca... ¿puede haber algo peor?
Pero también nos habló de los niños que, teniendo a alguien de su familia cerca (no tiene por qué ser el padre o la madre, en África, la labor familiar la desarrolla la tribu entera) se recuperaban mucho antes que los niños huérfanos... para que luego pensemos que los besos, las caricias y el amor, no sirven de nada...
Os dejo el spot que esta ONG ha lanzado en su última campaña. Son menos de dos minutos que os abrirán los ojos. No hay imágenes desagradables, pero lloraréis de la emoción.
Nota: Esto no es una colaboración ni un post patrocinado. Es la experiencia que tuve ayer, contada como mejor sé hacerlo.
Un toque de atención, de vez en cuando, nos viene tan bien...





