Este genial dibujo, con el que me siento muy identificada, es obra del genial ilustrador y artista Jordi Labanda.

martes, 31 de enero de 2012

Planes con (o sin) niños (en Madrid): ver aviones

Como abrir secciones nuevas en el blog es gratis, voy a inaugurar una hoy: Planes con niños. Eso sí, perdonadme las que sois de fuera (o apuntad los planes para cuando vengáis a la capital), pero me resulta un poco más fácil hablaros de cosas que se hacen en Madrid...

Y es que ahora que Criatura va creciendo, podemos hacer más planes en familia que la incluyan y con los que se divierta.

Aparte del zoo, Faunia, parques varios, Warner, parque de bolas (su "farolito", como dice ella) a veces vamos a ver aviones. Esto es algo que ya hacíamos antes (Padre es un friki de los aviones), pero que ahora hacemos también CON ella. Y doy fe de que lo disfruta!

Todos los primeros domingos de mes, en el aeródromo de Cuatro Vientos, en Madrid, la fundación Infante de Orleans "vuela" aviones históricos. El show empieza pronto, con una exposición al aire libre en el que se pueden ver los aviones y los voluntarios van resolviendo cualquier duda que tengas.

Y después, hay una exhibición aérea de unos 40-50 minutos, en los que se ven auténticas reliquias en el aire. Siempre que el viento lo permita, claro.

La entrada son 6 eur por persona, no es barato, pero dado que pasas allí toda la mañana, que es un ambiente sano y al aire libre y que esta gente no tiene otra fuente de ingresos, los pagamos gustosos.

Hay una explanada gigante donde los niños corren a sus anchas (al ser un recinto cerrado, no hay posibilidad de escapes ni pérdidas... joder, parezco un anuncio de compresas), se puede beber y comer algo, el ambiente es familiar... No sé, creo que es una idea genial y poco conocida en la que se puede disfrutar mucho, con y sin niños.

Nosotros vamos de vez en cuando, aquí va un pequeño reportaje de la última vez:

Vista general del recinto


Ambientecillo


Puesta en marcha



Padre con la rubia


¡La rubia no se lo quería perder!



Resumiendo:

- Qué: Exhibición aérea de aviones históricos restaurados y en perfecto funcionamiento.
- Cuándo: Primeros domingos de cada mes. Próxima exhibición: domingo 5 de febrero.
- Horario: De 11:00 a 14:00 aprox.
- Precio entrada: 6 eur. Los niños pequeños no pagan (creo que hasta los 6 años).
- Dónde: aeródromo civil de Cuatro Vientos.
- Qué tipo de gente puedes encontrar: muchas familias con niños, frikis de los aviones, militares y pilotos retirados, plane spotters, y fotógrafos aficionados y profesionales con objetivos más largos que... cualquier cosa larga que te imagines.
- Plan redondo: de vuelta a la ciudad, hay un MacDonalds con MacAuto en el que puedes recoger unas hamburguesas y terminar la mañana de 10. No apto para todos aquellos que estén a dieta...
- Toda la información (y más) en esta web: http://www.fio.es/

Y vosotros... ¿conocíais este plan madrileño?
¿Qué planes originales conocéis en Madrid?

NOTA: No conozco a nadie en la FIO, ni me pagan nada por hacer esta entrada (antes de que alguien lo sugiera).

lunes, 30 de enero de 2012

Elemento tocafolicular de la semana (o del mes, o incluso del año): voy a matar al que estropeó los ascensores



No vivo en un segundo, ni en un tercero... vivo en una altura gigantesca (que diría Criatura), que me permite tener unas vistas de Madrid maravillosas...

En los 8 años que llevo viviendo aquí, sólo me ha tocado subir las escaleras hasta mi casa en 2 ocasiones. Hasta hoy. Esta mañana, cuando me he dado cuenta de que para mi teletrabajo de hoy necesitaba un papel que había olvidado en el coche, me he percatado también de que los dos ascensores con los que contamos en el edificio NO FUNCIONABAN.

Así que, a las 7 y media de la mañana (y vestida con pijama bajo el abrigo... que levante la mano la que nunca haya salido de casa en pijama camuflado) me ha tocado bajar los más de 10 pisos y volver a subirlos (con el papelito en mi poder).

Cuando he llegado arriba acordándome de los señores de mantenimiento de la empresa Thyssen, me he percatado de algo mucho peor. A ver quién era el listo que bajaba a Criatura (y a su carro) una hora más tarde, camino de la guarde. Y el listo no era otro que Padre, que ha cumplido la tarea con valentía y aplomo. Hombro derecho, carro plegado, hombro izquierdo maletín con portátil, mano derecha, nada, mano izquierda, manita de Criatura.

Lo que me preocupa ahora es que son casi las 4, hora en que Criatura sale, y los ascensores siguen sin funcionar.

Si esta mañana me ha costado horrores no vomitar cuando he llegado a casa... ¿cómo me las voy a arreglar para subir unos 250 escalones (haciendo las cuentas rapiditas) con una niña encima?

En días como hoy, me alegro de no tener familia numerosa y todo...

¿Será una cámara oculta patrocinada por mis anónimos?

Después de un fin de semana con algún exceso gastronómico... ¿es éste mi castigo para bajar la cerveza sin y la coca cola zero?

¿Cuál ha sido vuestro máximo reto con un niño encima? Y no, no me vale lo de hacer pis con un bebé mamando... que eso lo hemos pasado todas las que hemos dado el pecho...

miércoles, 25 de enero de 2012

Cosas de la maternidad que intuyo que no voy a poder soportar: la puñetera elección de colegio



Ya está aquí. El momento que he estado temiendo (y que me provocaba taquicardias, ansiedad sudores fríos y dolor de barriga) desde que me quedé embarazada ha llegado.
Criatura cumple 3 años en febrero y el curso que viene comenzará en un “cole de mayores”.

Así que, si en algún momento de estos meses, veis que digo incoherencias, dejo de escribir y/o me vuelvo loca, no lo achaquéis a temas hormonales. Es simplemente que la elección de cole me quita el sueño.

Para empezar, quiero explicar qué tipo de cole quiero para mi hija: concertado, religioso y cerca de casa.
No tengo nada en contra de los colegios públicos, y además, cerca de casa hay varios con buenas referencias, pero la idea de que a los 12 años tengan que ir al instituto me horroriza y asusta a partes iguales. Para mí es importante, además, que reciba una formación cristiana, en casa y en el cole.

Y aquí viene el problema. Por renta y por número de hijos, mi situación actual me otorga el mínimo de puntos: 4. No sé cómo funcionará en otras CCAA, pero en Madrid, la proximidad te da 4 puntos y otros criterios como renta, alergias alimenticias o enfermedades crónicas, familia numerosa, antiguos alumnos, etc, te dan puntos adicionales.
Tenemos dos sueldos, sólo una hija y ninguno podemos acudir a nuestro antiguo colegio… Padre porque su cole ya no existe y yo porque soy de otra CCAA.
Así que, tenemos pocas posibilidades de que nuestra hija entre en alguno de los 2 centros concertados que nos corresponden por zona.
¿Por qué? ¿Porque tengo la mala suerte de no poder engendrar más hijos? ¿Por ser del grupo privilegiado de familias en el que ambos padres trabajan? ¿Porque afortunadamente mi hija no es celíaca? Por eso yo no puedo elegir libremente el colegio en el que quiero que mi hija se forme. Y me parece indignante.
¿Es menos importante la educación de mi hija única que la de los niños cuyos padres han podido darles hermanos? ¿Están condenando a mi hija a acudir a un colegio privado que nos sacará hasta los higadillos sólo porque mi renta es superior a la de la media? ¿Si yo dejase de trabajar o tuviera la suerte de ser más fértil, podría elegir el colegio de mi hija, pero de esta forma no?

Y aclaro, por si alguien tenía dudas: en los colegios públicos de mi zona me ocurre lo mismo. El año pasado, el hijo de unos amigos que viven al lado, se quedó fuera. El nivel de renta de sus padres es similar al mío y ellos, además, tienen otra hija. Pero no les dieron ninguno de los 3 coles públicos del barrio, igual que a muchos niños de la guarde de Criatura. Por tanto, de cara a entrar en un cole, sea concertado o público, el sistema de puntos y de adjudicación es el mismo. Y en mi barrio, no tengo opciones de que mi hija entre en alguno de los colegios, públicos o concertados, que yo elegiría.

Como esto es así, me ponga como me ponga, y me indigne o me cabree, hemos tenido que recurrir a un plan B.
Es decir, mirar coles privados y pagar la matrícula en uno de ellos, por si nos quedamos sin concertado.

Así empezó, hace dos semanas, un recorrido penoso y estresante por algún centro privado. Este es el proceso que hemos seguido:

1. Experimentar histeria al comprobar que las posibilidades de que nuestra hija no entre en el cole concertado que nos gusta (y que es el único que nos pilla cerca de casa) son altas.
2. Recabar información: llamar, escribir mails, acosar a todos aquellos amigos y conocidos que llevan a sus hijos a colegios privados para obtener referencias sobre los centros.
3. Entrar en pánico al observar que el cole privado que todos los padres eligieron es, en sus palabras, EL MEJOR.
4. Aplicación de filtros por cercanía a nuestra casa (lo de meter a la niña una ruta de hora y media para que vaya a un colegio en La Moraleja no es una opción para nosotros), bilingüismo, ausencia de elitismo y pijerío absurdo…
5. Llamadas para concertar cita con un par de colegios privados que han pasado todos los filtros. Ups, están todos hasta arriba. Encuentro problemas para que me den una simple cita para conocer el colegio.
6. Acudimos a dos colegios privados a horarios intempestivos para un Padre trabajador.
7. Ups, nuevo problema, ambos colegios privados, a pesar del precio, nos encantan. ¿Y ahora qué narices hacemos?
8. Elaboración de listas de pros y contras de las 3 opciones que barajamos (cole concertado, cole privado bilingüe y cole privado con sistema de aprendizaje novedoso y de estilo americano).
9. Noche de insomnio 1.
10. Noche de insomnio 2.
11. Ingesta masiva de valeriana para conseguir conciliar el sueño.
12. Imposición de monólogo “colegio” como único tema de conversación en mi círculo laboral y social.
13. Abandono por parte de amigos y familiares, hartos ya de pasarse el día escuchando mis quejas escolares.
14. Toma de decisión 1: la llevaremos al privado bilingüe.
15. Toma de decisión 2: No, mejor la llevaremos al concertado, si es que nos lo dan.
16. Toma de decisión 3: Abandonamos nuestra profesión y montamos un cole concertado en el que por supuesto, Criatura podrá entrar al ser la hija de los dueños.
17. Jaquecas, migrañas y dolor de tripa constante.
18. Toma de decisión definitiva: colegio concertado en primer lugar y colegio bilingüe como plan B si no conseguimos plaza en el concertado. Con lo que nos ahorremos si conseguimos plaza en el concertado, apuntaremos a la niña a clases de inglés y de otros idiomas con profesores nativos.
19. Ataques de ansiedad, flojera y miedo de no estar tomando la decisión adecuada.
20. Relax autoimpuesto. Hacemos lo que podemos.

¿Y vosotros? ¿Cómo estáis planificando el tema escolar de vuestros hijos?
¿Os quita el sueño esta decisión, como a mí? ¿O por fin habéis podido encontrar el estado zen?

viernes, 20 de enero de 2012

Políticamente incorrecta: visitas inoportunas



Hace poco, alguien de mi entorno ha dado a luz y ha manifestado su deseo de pasar esos días en el hospital acompañada de su marido y de su hijo y no recibir visitas. Me sorprendió la poca solidaridad y empatía que esta resolución encontraba en su círculo más o menos cercano…
Si me hubiera parado a pensar en este tema antes de ser madre, no habría entendido yo tampoco esta decisión, a pesar de haber sido siempre respetuosa con la recién parida. Y cuando digo respetuosa, me refiero a que jamás he ido a un hospital el mismo día de un nacimiento y a que siempre he llamado antes de ir y lo máximo que he estado en la habitación han sido 15 minutos. Sin embargo, desde que soy madre de Criatura, puedo no sólo entender este deseo, sino compartirlo en mayor o menor medida.

Mi amiga Roter, dio a luz y se mantuvo en el hospital 5 días sin visitas. Sólo su marido, ella y su bebé. Qué forma más bonita de estrenar una maternidad, ¿no creéis? Sin embargo, es una decisión que casi nadie suele comprender, y menos aún la familia. Vamos, le digo yo eso a Bendita Abuela y me mete tal corte, que me deja sin palabras. Igual que mis suegros, que aunque discretos, tampoco habrían entendido una decisión así.

Hace poco fuimos al hospital a ver a un recién nacido y a su mamá y en la mesa del control de enfermería vi a un padre con cara de primerizo, pidiendo a las enfermeras, casi casi entre lágrimas (os juro que no exagero, que el pobre estaba al borde de la desesperación), que por favor colgasen un cartel en la puerta diciendo que no se admitían visitas. Me quedé alucinada con la petición y pensé en lo estresado y desquiciado que el pobre tenía que estar para pedirle eso a las enfermeras…

¿Por qué este padre (y su pareja) no tenían suficiente libertad para vivir ese momento único COMO LES DIERA LA GANA?
¿Por qué no podía decir a las visitas que se marchasen de una puñetera vez, que molestaban?
¿Por qué la gente se cree con derecho sobre ese bebé y sobre esos padres?

Pues porque la gente (y sobre todo la familia cercana, que los amigos suelen comprender mejor este tipo de cosas) no entiende que este momento es de la FAMILIA. Y cuando digo familia, me refiero a los padres y a los hijos. Y a quienes ellos consideren necesario que estén. Por ejemplo, hay muchas mujeres que quieren dar a luz acompañadas de sus madres, o de sus hermanas (normalmente personas de sexo femenino). Pues muy bien. Pero, ¿qué es eso de que una recién parida tenga que estar guapa y presentable y dando charla y aguantando el tipo mientras todo el mundo le dice lo que debería estar haciendo con su hijo? ¿No es bastante estresante el momento, como para encima tener que aguantar consejos bienintencionados (o no tanto) de desconocidos?

Yo soy una persona sociable, a la que no le molesta la gente, al contrario, me encanta estar rodeada de familia y amigos, y, aún así, recuerdo el día de mi parto, a las 9 y media de la noche, con gente aún en la habitación… Y yo pensando en cuándo se iban a ir, porque yo lo que quería era estar con mi bebé a gustito y en silencio…

Eso sí, si algo me ha enseñado la maternidad, es a pasar ampliamente de los comentarios de la gente, o de lo que la gente pueda llegar a pensar. Primero estamos mi familia y yo. Y al resto de personas… que les den.

Tengo claro que yo no voy a prohibir las visitas si logro quedarme embarazada de nuevo, pero que el primer día que dé a luz, las únicas personas que verán al bebé y a mí serán su padre y su hermana. Y al día siguiente… ya veremos, porque aparte de los abuelos , no tengo claro si admitiré a más gente…

La maternidad es para vivirla. Y hacerlo rodeada de gente, a veces casi casi desconocida, no ayuda en nada a fortalecer el vínculo madre-padre-bebé.

Y vosotros… ¿qué opináis?
¿Es más importante el qué dirán que ser fiel a los principios de uno mismo?
¿Cómo lo haréis cuando deis a luz?
¿Cómo lo hicisteis en el pasado?
¿Os arrepentís de algo?

PD: Ya puedo comentar y responder comentarios. Un alma caritativa y blogguera me contó que Chrome hacía maravillas y desde entonces mi vida blogguer ha cambiado. Os recomiendo lo mismo si tenéis problemas para ver vuestros blogs favoritos. Por tanto… que nadie se moleste en hablar por mí. Gracias.

martes, 17 de enero de 2012

Traumas de mi madurez: Cómo sobrevivir a la Dieta Dukan



Aparte de tener el pelo rojo y no haber corrido la San Silvestre, no estar embarazada y tomarme más tiempo de relax, y maquillarme todos los días… tengo una nueva resolución. Ponerme a dieta.
Y para ello, la elegida es la famosa dieta Dukan.

Había llegado a niveles realmente preocupantes, nunca había pesado tanto, y he decidido que no me gusta mi cuerpo. Así que me he puesto a dieta.

De momento, mi malhumor no ha alcanzado cotas preocupantes, y mi ansiedad se mantiene a raya. Es verdad que sólo llevo una semana, pero algo es algo! Dentro de un mes volvemos a hablar.

Lo que quería comentar es la guasa que tienen las dietas. Que no sabes si adelgazas por la propia dieta o porque se te quitan las ganas de comer… y de vivir.

Día 0: te lees de arriba abajo toda la información de Dukan que consigues, libro top ventas, foros… Te haces seguidor de 127 blogs que muestran recetas Dukan para coger ideas. Escribes el planning semanal de comidas, para no dejar hueco a la improvisación en la comida, enemiga número uno del éxito de cualquier dieta.

Día 1: te diriges al súper del barrio con una lista tremenda de artículos que no habías oído en tu vida. Queso batido 0% Materia Grasa, claras de huevo (alguien sabía que en Mercadona venden claras de huevo pasteurizadas?), aroma de limón, cacao desgrasado 0% VALOR, y salvados de avena y de trigo integral.
Obviamente, en el súper del barrio no tienen casi ninguno de estos artículos, por lo que te toca hacer un recorrido por todo el barrio, entre herbolarios, tiendas de delicatesen y Corte Inglés. Cuando llegas a casa, has recorrido 10 km y has consumido 200 calorías. Se te ha quitado hasta el hambre.

Día 2: hoy te toca llevarte el desayuno y la comida a la oficina, así que te metes en la cocina a las 6 y media de la mañana. Despliegas todo el arsenal de productos y te dispones a hacer la torta Dukan, que has visto en todos y cada uno de los nuevos blogs que sigues. Tiene buena pinta en las fotos. Mezclas los ingredientes y cuando sacas la mezcla del microondas, aquello resulta ser una especie de pan bimbo (con peor pinta) que sabe a rayos (y centellas). Cuando desayunas en la cafetería de la oficina, tus compañeros miran el producto con cara de asco. Tú también, pero no te queda más remedio que ingerirlo. Porque estás dispuesta a adelgazar los 7 kilos que te sobran.
Como la torta tiene una consistencia entre esponjosa e intragable, bebes más de un litro de agua para conseguir digerirla. Y la comes muy despacio… no hay miedo de que nadie se abalance sobre ella y te quedes sin desayuno.
Las lágrimas se contienen a duras penas mientras ver como tus compis se meten un mollete con tomate y aceite digno de resucitar a una momia.
Con el almuerzo de media mañana, la cosa se complica, ya que con la torta del desayuno has consumido todos los hidratos permitidos. Así que te has traído unos palitos de cangrejo aliñados con salsa de soja y te imaginas que es sushi. No sé si habéis tratado de comer en vuestra mesa de la oficina palitos de cangrejo regados en salsa de soja, pero cómodo, lo que se dice cómodo, no es.
La camisa blanca que llevas acaba con un manchurrón marrón rojizo (como tu pelo), que no va a salir, por mucho que te empeñes en frotar.
Menos mal que la comida es un filetón a la plancha… seco, pero contundente.
A la hora de la merienda estás tan entretenida jugando con Criatura que se te pasa comer algo. Así que llegas a la hora de la cena con un hambre mortal. Revisas lo que te toca cocinar y te entra tanta pereza que terminas cenando dos yogures desnatados.

Día 3: El plan es el mismo que el del día 2, pero hoy me toca currar desde casa, así que al menos, evito las miradas de asco cuando desayuno. Y ver los molletes, que eso no tiene precio.
Por la tarde has quedado en ir a casa de la familia, que te planta con el café una bandeja llena de restos de productos navideños y bombones Ferrero Rocher. Criatura, toda mona ella, intenta introducir en tu boca 3 bombones de estos últimos. La pobre sabe que te los comes de dos en dos sin pestañear y no entiende por qué mami no los acepta esta vez. Terminas mintiendo a tu propia hija (ya sabéis que no es bueno hablar a niños de dietas y demás) y diciéndole que tienes mal la tripita y que por eso no comes bombones, por mucho que salives cual perro rabioso con la sola imagen del bombón dorado.

Día 4: Genial, hoy toca comida con amigos. Pasaremos todo el día fuera de casa y eso complica un poco las cosas. Menos mal que hoy ya puedo introducir verduras.
Desayuno la misma porquería incomible (aka torta Dukan) y en el camino a la quedada, me como mi yogur desnatado, que sabe a edulcorante puro, eso sí, con un ligero aroma de coco.
Vaya! Parece que la dieta esta no es tan mala! Puedo comer casi lo mismo que el resto… eso sí, sin pan, sin vino y sin postre. Vamos, lo que más me gusta de cualquier comida! Pero soy fuerte… y me resisto. Además, como soy la única que no bebe, puedo conducir tranquilamente el coche mientras Padre se pone tibio a vino, pacharán y gin tonics.

Día 5: De nuevo día de proteínas. Lo bueno es que el desayuno ya no lo tienes que pensar. Y que has desarrollado una técnica que te permite sacar dos tortas medianas con las dos míseras cucharadas de salvado que te deja consumir el Sr. Dukan. Una dulce para el desayuno y otra salada para el almuerzo.
Y cuando digo dulce, es un poco metafórico. Todo lo dulce que está algo que lleva sacarina y canela. Eso sí, ¡yo echo kilos de canela! Que así me hago ilusiones y me creo que me estoy comiendo unas natillas caseras.
Hoy, además, estás aventurera y decides que para aliñar el pescado a la plancha, vas a hacer una salsa de ajo que parece fácil y que seguro que le da algo de sabor al salmón. Lees la receta y te pones manos a la obra. Mmmm, aquí dice medio diente de ajo, pero seguro que si añado un diente entero, sabe mejor. Cuando pruebas la mezcla, aquello está tan fuerte que no llegas a comerte ni la mitad de la ración. Qué empacho, por Dios! Y con este aliento… Padre ni se acerca, ¿así cómo vamos a concebir? Y con tanta canela, una tiene sus necesidades a flor de piel…

Día 6: Después de la sobredosis de ajo, decides que vuelves a las salsas básicas… esto es, ausencia total de salsas. Además, lo de aliñarlas con yogur desnatado o queso 0% da a todas las salsas el mismo sabor agrio y raro… Adiós, salsa, bienvenido, jugo natural del alimento.
Empiezas a tener mono de dulce y decides, en el colmo de la aventura, embarcarte en hacer magdalenas Dukan. Has visto las fotos y las hay hasta de chocolate. Mmmm! Buenísimo! Y menuda pinta tienen! Si además dicen que están como las normales!
Sigues la receta a pies juntillas y ya te estás regodeando en las dos magdalenas que te toca consumir hoy. Menudo atracón! Lo acompañarás con Cola Cao cero y leche desnatada con un buen chorrito de edulcorante! Riquísimo.
Pi-pi-pi! El horno ha terminado! Lista para dsifrutar de tus magdalenas!
Mmm, qué raro, parece que el olor que sale del horno no es el que imaginabas…
Bueno, seguro que es por la sacarina líquida. Abres tu boca incluso antes de que se enfríen y con grave riesgo de quemarte el paladar y… puag! ¿Pero qué mierda es esto? ¡Qué asco! No sé ni a lo que sabe, pero desde luego ¡a magdalenas no! Por favor, que alguien cierre ese horno, no soporto el olor!
Bueno, seguro que es porque has probado la que no es de chocolate… vamos a darle una oportunidad a las marrones! Madre mía, qué horror! Están aún peor! Quién inventó esta receta? He debido hacer algo mal… no, ya sé. Seguro que es porque están aún calientes. Esperaré a que se enfríen y las guardaré en una lata hasta mañana.
Con todo el caos de las magdalenas, te olvidas de merendar y terminas yéndote a la cama con un par de yogures desnatados.

Día 7: Decides darte un súper homenaje para celebrar tu semana de dieta y abres la lata de las magdalenas. El olor es tan intenso y tan desagradable, que caes al suelo, conmocionada. Tras el desmayo, se te olvida desayunar. Las magdalenas terminan en la basura y vuelves a lo básico. Las tortas con canela. Que al menos no huelen mal.
Es día de peso. La báscula te dice que después de una semana consumiendo pienso para pájaros, perdón, salvado de avena, has adelgazado un kilo y medio. Estás convencida de que lograrás deshacerte de los otros 5 que te sobran y te dispones a investigar nuevas recetas deliciosas y agrias.

Tengo el convencimiento que no he adelgazado ese kilo y medio por comer lo que dice el Sr. Dukan, sino como consecuencia de la aversión que me produce cocinar semejantes recetas-pócimas.
Pero… ¿quién dijo que adelgazar fuera fácil?

¿Alguien me entiende?

Y sobre todo… ¿alguien me da alguna receta (paso a paso) de verdad, que haya comprobado que está rica?

PD: Siento no contestar vuestros comentarios. Blogger lleva enfadado conmigo unos cuantos días y no me deja escribir comentarios en mi propio blog. ¡Acepto ayuda y consejos para solucionarlo!

domingo, 15 de enero de 2012

Elemento tocafolicular de la semana: por qué dicen marrón cuando quieren decir rojo.




Es oficial. Tengo el pelo rojo.
Y no pretendo ofender a nadie, pero a mí el pelo rojo no me gusta. Al menos, no en MI pelo.

Y no puedo culpar a nadie más que a mí misma.

Tengo canas. Y muchas. Y no me gusta que se noten. Me encantaría ser menos superficial y hacer como tantas mujeres que pasan de esto y pasean con orgullo sus cabezas llenas de pelos blancos (y encima rebeldes, porque las canas no son pelos al uso, son como dirigentes sindicalistas en medio de una reunión con patronos… se levantan y amenazan con salirse de allí continuamente), pero no es mi caso. A mí me jode verme las canas. Me veo poco favorecida, más vieja y… con aspecto guarro. Esto supone ir a la peluquería como mucho, cada mes y medio. Normalmente encuentro hueco cada dos meses. O cada tres. Aparte de la sangría de pasta que supone, encontrar un hueco de 2 horas me supone bastante esfuerzo.

Así que, hace un par de semanas, mis agitadas neuronas trazaron un plan. Fui a la peluquería, pero sólo a cortarme el pelo. 10 minutos (y 15 eur menos) más tarde, me dirigía con paso firme al supermercado del barrio.

El súper del barrio, como bien dice la definición, es eso, un súper pequeñito, de barrio. Por tanto, la sección de tintes no es enorme, pero sí que encontré 3 marcas diferentes de productos.

Y allí estaba yo, de pie, con una resolución propia de la mismísima Bridget Jones, haciendo un estudio pormenorizado de los pros y contras de las 3 marcas de tinte casero. Tardé más de media hora en elegir el tono. Me decanté por un precioso marrón chocolate. Un tono natural y precioso que en la modelo de la foto quedaba genial.

Entre la pelu, la visita al súper y la costosa toma de decisión, había invertido casi el mismo tiempo que tardo en teñirme y darme mechas. Pero… daba igual. Yo estaba muy orgullosa de ser capaz de hacer algo por mí misma y ahorrarme dinero.

Cuando llegué a casa, gracias a Dios, Bendita Abuela se ofreció a darme el tinte… y menos mal.
La que se lía es como de película de terror. Criatura flipaba con tanto cachivache y tanta logística…

Primero haz la mezcla como dice el puñetero prospecto, después consigue un alma caritativa que te separe mechón por mechón y te unte el ungüento, espera 10 min, añade el resto, espera media hora, enjuágate con agua tibia, que hace que el tinte penetre mejor, frota la mezcla, échate el sérum potenciador del color, y tras 10 minutos más, lávate el pelo y acláralo bien, hasta que el agua salga clara.

Es decir, 4 horas más tarde de haber salido de casa en dirección a la peluquería, me encuentro con el baño lleno de grumos marrones-rojizos, mi pelo rojo y mi autoestima por los suelos.

Para la limpieza del baño necesito 10 minutos a fondo, pero para solucionar lo del pelo rojo, no me queda más remedio que ir a mi psicoterapeuta (50 eur) o acudir de urgencias a la peluquería de siempre (60 eur).

Total, que al final, y tras todo el esfuerzo que supone la aventura del tinte… he decidido que seguiré yendo a mi peluquera de siempre, y que al menos, salir de allí sin el pelo rojo, bien merece las 2 horas y los 60 eur de inversión…

¿Y vosotros? ¿Os habéis teñido el pelo en casa con mejor fortuna? ¿Me recomendáis algún color castaño que no quede rojo?

lunes, 9 de enero de 2012

Regalo de Reyes Magos

Al final Sus Majestades no trajeron el regalo que yo había puesto en el primer lugar de mi carta...

... pero a cambio, me han dejado muchísima tranquilidad y bastante paciencia. Y es que, por primera vez en casi 3 años, quedarme embarazada no es mi prioridad obsesivo-compulsiva.

He dejado los tests de todo tipo en el último cajón.

De momento, me planto. Necesito un descanso en todo esto, y, a los dos meses de descanso obligado que me impuso mi ginecólogo, le voy a añadir todo el tiempo que yo necesite. Sin agobios, sin presión.

Me ha costado muchos meses llegar a este estado de tranquilidad y aceptación.

Así que, como decía Criatura después de ver todos sus regalos... ¡GRACIAS REYES MAGOS!