
Aparte de tener el pelo rojo y no haber corrido la San Silvestre, no estar embarazada y tomarme más tiempo de relax, y maquillarme todos los días… tengo una nueva resolución. Ponerme a dieta.
Y para ello, la elegida es la famosa dieta Dukan.
Había llegado a niveles realmente preocupantes, nunca había pesado tanto, y he decidido que no me gusta mi cuerpo. Así que me he puesto a dieta.
De momento, mi malhumor no ha alcanzado cotas preocupantes, y mi ansiedad se mantiene a raya. Es verdad que sólo llevo una semana, pero algo es algo! Dentro de un mes volvemos a hablar.
Lo que quería comentar es la guasa que tienen las dietas. Que no sabes si adelgazas por la propia dieta o porque se te quitan las ganas de comer… y de vivir.
Día 0: te lees de arriba abajo toda la información de Dukan que consigues, libro top ventas, foros… Te haces seguidor de 127 blogs que muestran recetas Dukan para coger ideas. Escribes el planning semanal de comidas, para no dejar hueco a la improvisación en la comida, enemiga número uno del éxito de cualquier dieta.
Día 1: te diriges al súper del barrio con una lista tremenda de artículos que no habías oído en tu vida. Queso batido 0% Materia Grasa, claras de huevo (alguien sabía que en Mercadona venden claras de huevo pasteurizadas?), aroma de limón, cacao desgrasado 0% VALOR, y salvados de avena y de trigo integral.
Obviamente, en el súper del barrio no tienen casi ninguno de estos artículos, por lo que te toca hacer un recorrido por todo el barrio, entre herbolarios, tiendas de delicatesen y Corte Inglés. Cuando llegas a casa, has recorrido 10 km y has consumido 200 calorías. Se te ha quitado hasta el hambre.
Día 2: hoy te toca llevarte el desayuno y la comida a la oficina, así que te metes en la cocina a las 6 y media de la mañana. Despliegas todo el arsenal de productos y te dispones a hacer la torta Dukan, que has visto en todos y cada uno de los nuevos blogs que sigues. Tiene buena pinta en las fotos. Mezclas los ingredientes y cuando sacas la mezcla del microondas, aquello resulta ser una especie de pan bimbo (con peor pinta) que sabe a rayos (y centellas). Cuando desayunas en la cafetería de la oficina, tus compañeros miran el producto con cara de asco. Tú también, pero no te queda más remedio que ingerirlo. Porque estás dispuesta a adelgazar los 7 kilos que te sobran.
Como la torta tiene una consistencia entre esponjosa e intragable, bebes más de un litro de agua para conseguir digerirla. Y la comes muy despacio… no hay miedo de que nadie se abalance sobre ella y te quedes sin desayuno.
Las lágrimas se contienen a duras penas mientras ver como tus compis se meten un mollete con tomate y aceite digno de resucitar a una momia.
Con el almuerzo de media mañana, la cosa se complica, ya que con la torta del desayuno has consumido todos los hidratos permitidos. Así que te has traído unos palitos de cangrejo aliñados con salsa de soja y te imaginas que es sushi. No sé si habéis tratado de comer en vuestra mesa de la oficina palitos de cangrejo regados en salsa de soja, pero cómodo, lo que se dice cómodo, no es.
La camisa blanca que llevas acaba con un manchurrón marrón rojizo (como tu pelo), que no va a salir, por mucho que te empeñes en frotar.
Menos mal que la comida es un filetón a la plancha… seco, pero contundente.
A la hora de la merienda estás tan entretenida jugando con Criatura que se te pasa comer algo. Así que llegas a la hora de la cena con un hambre mortal. Revisas lo que te toca cocinar y te entra tanta pereza que terminas cenando dos yogures desnatados.
Día 3: El plan es el mismo que el del día 2, pero hoy me toca currar desde casa, así que al menos, evito las miradas de asco cuando desayuno. Y ver los molletes, que eso no tiene precio.
Por la tarde has quedado en ir a casa de la familia, que te planta con el café una bandeja llena de restos de productos navideños y bombones Ferrero Rocher. Criatura, toda mona ella, intenta introducir en tu boca 3 bombones de estos últimos. La pobre sabe que te los comes de dos en dos sin pestañear y no entiende por qué mami no los acepta esta vez. Terminas mintiendo a tu propia hija (ya sabéis que no es bueno hablar a niños de dietas y demás) y diciéndole que tienes mal la tripita y que por eso no comes bombones, por mucho que salives cual perro rabioso con la sola imagen del bombón dorado.
Día 4: Genial, hoy toca comida con amigos. Pasaremos todo el día fuera de casa y eso complica un poco las cosas. Menos mal que hoy ya puedo introducir verduras.
Desayuno la misma porquería incomible (aka torta Dukan) y en el camino a la quedada, me como mi yogur desnatado, que sabe a edulcorante puro, eso sí, con un ligero aroma de coco.
Vaya! Parece que la dieta esta no es tan mala! Puedo comer casi lo mismo que el resto… eso sí, sin pan, sin vino y sin postre. Vamos, lo que más me gusta de cualquier comida! Pero soy fuerte… y me resisto. Además, como soy la única que no bebe, puedo conducir tranquilamente el coche mientras Padre se pone tibio a vino, pacharán y gin tonics.
Día 5: De nuevo día de proteínas. Lo bueno es que el desayuno ya no lo tienes que pensar. Y que has desarrollado una técnica que te permite sacar dos tortas medianas con las dos míseras cucharadas de salvado que te deja consumir el Sr. Dukan. Una dulce para el desayuno y otra salada para el almuerzo.
Y cuando digo dulce, es un poco metafórico. Todo lo dulce que está algo que lleva sacarina y canela. Eso sí, ¡yo echo kilos de canela! Que así me hago ilusiones y me creo que me estoy comiendo unas natillas caseras.
Hoy, además, estás aventurera y decides que para aliñar el pescado a la plancha, vas a hacer una salsa de ajo que parece fácil y que seguro que le da algo de sabor al salmón. Lees la receta y te pones manos a la obra. Mmmm, aquí dice medio diente de ajo, pero seguro que si añado un diente entero, sabe mejor. Cuando pruebas la mezcla, aquello está tan fuerte que no llegas a comerte ni la mitad de la ración. Qué empacho, por Dios! Y con este aliento… Padre ni se acerca, ¿así cómo vamos a concebir? Y con tanta canela, una tiene sus necesidades a flor de piel…
Día 6: Después de la sobredosis de ajo, decides que vuelves a las salsas básicas… esto es, ausencia total de salsas. Además, lo de aliñarlas con yogur desnatado o queso 0% da a todas las salsas el mismo sabor agrio y raro… Adiós, salsa, bienvenido, jugo natural del alimento.
Empiezas a tener mono de dulce y decides, en el colmo de la aventura, embarcarte en hacer magdalenas Dukan. Has visto las fotos y las hay hasta de chocolate. Mmmm! Buenísimo! Y menuda pinta tienen! Si además dicen que están como las normales!
Sigues la receta a pies juntillas y ya te estás regodeando en las dos magdalenas que te toca consumir hoy. Menudo atracón! Lo acompañarás con Cola Cao cero y leche desnatada con un buen chorrito de edulcorante! Riquísimo.
Pi-pi-pi! El horno ha terminado! Lista para dsifrutar de tus magdalenas!
Mmm, qué raro, parece que el olor que sale del horno no es el que imaginabas…
Bueno, seguro que es por la sacarina líquida. Abres tu boca incluso antes de que se enfríen y con grave riesgo de quemarte el paladar y… puag! ¿Pero qué mierda es esto? ¡Qué asco! No sé ni a lo que sabe, pero desde luego ¡a magdalenas no! Por favor, que alguien cierre ese horno, no soporto el olor!
Bueno, seguro que es porque has probado la que no es de chocolate… vamos a darle una oportunidad a las marrones! Madre mía, qué horror! Están aún peor! Quién inventó esta receta? He debido hacer algo mal… no, ya sé. Seguro que es porque están aún calientes. Esperaré a que se enfríen y las guardaré en una lata hasta mañana.
Con todo el caos de las magdalenas, te olvidas de merendar y terminas yéndote a la cama con un par de yogures desnatados.
Día 7: Decides darte un súper homenaje para celebrar tu semana de dieta y abres la lata de las magdalenas. El olor es tan intenso y tan desagradable, que caes al suelo, conmocionada. Tras el desmayo, se te olvida desayunar. Las magdalenas terminan en la basura y vuelves a lo básico. Las tortas con canela. Que al menos no huelen mal.
Es día de peso. La báscula te dice que después de una semana consumiendo pienso para pájaros, perdón, salvado de avena, has adelgazado un kilo y medio. Estás convencida de que lograrás deshacerte de los otros 5 que te sobran y te dispones a investigar nuevas recetas deliciosas y agrias.
Tengo el convencimiento que no he adelgazado ese kilo y medio por comer lo que dice el Sr. Dukan, sino como consecuencia de la aversión que me produce cocinar semejantes recetas-pócimas.
Pero… ¿quién dijo que adelgazar fuera fácil?
¿Alguien me entiende?
Y sobre todo… ¿alguien me da alguna receta (paso a paso) de verdad, que haya comprobado que está rica?
PD: Siento no contestar vuestros comentarios. Blogger lleva enfadado conmigo unos cuantos días y no me deja escribir comentarios en mi propio blog. ¡Acepto ayuda y consejos para solucionarlo!