Ya de vuelta en Madrid, me quedaba contaros el último día completo que pasamos en los States que fue el domingo. El lunes volamos por la noche de vuelta a la patria y nos pasamos toda la mañana comprando las últimas cositas, así que no os puedo comentar mucho más. Pero el domingo... el domingo alquilamos un coche y salimos de NY, rumbo a los Hamptons.
Los Hamptons es... cómo decirlo... el lugar de vacaciones más exclusivo de Long Island, donde cualquier famoso o millonario que se precie tiene una casita (bueno, lo de casita es una ironía, porque son auténticas mansiones). Y también es el lugar playero más bonito en el que yo haya estado jamás.
Las playas son enormes, preciosas y con poca gente. Tienen una bruma especial, que las hace perfectas para pasear. Y están bordeadas de casas hiper mega preciosas a las que da gusto fotografiar (no me quiero imaginar lo que será vivir allí).
Para aquellas (y digo aquellas y no aquellos, porque es una peli chorra de esas que nos gustan a las tías) que han visto la peli de "Cuando menos te lo esperas", con Diane Keaton y Jack Nicholson, la casa de la playa en la que transcurre la primera parte de la película existe (al menos los exteriores) y se encuentra en Southampton. A partir de ahí, os podéis hacer una idea...
Lo que se conoce como "Los Hamptons" es, en realidad, un conjunto de pueblecitos cuyos nombres suelen incluir la palabra Hampton. Así, os podéis encontrar con Westhampton (el más modesto, que debe ser en el que veranea la gente bien "de toda la vida"), Hampton Bays, Southampton, East Hampton...
En Southampton paseamos un buen rato por las calles llenas de auténticas delicias de casas.
Y también fue donde comimos, en su Main St, en una especie de bistró francés con comida de precio asequible (todo un reto encontrar restaurantes de precio moderado en estos lugares).
East Hampton es ahora el pueblo de moda donde más cenas VIP se realizan en verano...
Y la auténtica joya, lo que más me gustó a mí fue Sag Harbor, un antiguo pueblecito ballenero lleno de casas preciosas y no tan espectaculares en cuanto a tamaño, pero sí con mucha más solera.
Pasear por sus calles y por sus tiendas fue delicioso. No se me ocurre ninguna otra forma de llamarlo... Cada casa era más bonita que la anterior. No sabía adónde mirar.
Simplemente te dan ganas de vender tus pertenencias en España y largarte a vivir allí, con un ritmo lento, rodeada del Atlántico y viviendo en una casita como esta, por ejemplo:
O estas:
Comprando antigüedades aquí:
O paseando por su puerto:
O yendo a tan sólo 6 km para coger el ferry que lleva a Shelter Island, donde un puñado de casas de huraños escritores (fruto de mi imaginación) tienen cobijo:
El camino hasta llegar a los Hamptons es cómodo, son como dos horas de viaje y la autopista llega hasta casi allí mismo. A la vuelta, a pesar de ser domingo, tampoco pillamos un atasco monumental. Y debido a la proximidad de Halloween, las carreteras secundarias por las que pasamos estaban llenas de puestos tan apetecibles como estos:
Así que no pudimos tener un broche más increíble. El viaje en sí ha sido maravilloso. Y probablemente sea el último que hacemos sin Criatura por unos años, así que lo hemos disfrutado intensamente.
La ventaja de haber estado ya antes en NY es mucha, teniendo en cuenta que las cosas más turísticas ya las habíamos visitado y este ha sido un viaje más de experiencias. De hacer cosas y disfrutar no sólo de día, sino tomando hasta alguna copa! Algo impensable para nosotros!
Así que, no me queda otra que adaptarme a la rutina lo antes posible, si es que quiero sobrevivir!
(Fotos preciosas by Padre)