
Nunca he sido gran admiradora de un grupo o cantante. Ni siquiera cuando era adolescente.
Mis únicas incursiones en el mundo fans (me encanta la gente que dice fanS, “yo soy una gran fanS de la gente que dice fanS”) fueron tres:
- A los 14, cuando escribí una carta a los Hombres G diciendo que estaba en un cole de monjas en contra de mi voluntad, mi madre me pilló la carta, me echó una charla que te cagas y se acabó el fenómeno fanS.
- A los 15, cuando una vecina estaba enamorada de los NKOTB (NiuKisTontoBlok, que los llamaba el padre de una amiga) y me chupaba todos los vídeos de sus actuaciones musicales pensando en que Joey (que ahora tiene toda la pinta de ser gay) un día vendría a España y me subiría en su caballo blanco (literal, y eso que tenía 15 años ya…). Me debió durar la tontuna unos 2-3 meses. Los NKOTB daban sus conciertos en USA y obviamente no iba a ir nunca allí con esa edad, mi madre me lo dijo claramente, y se acabó el fenómeno fanS.
- A los 25, cuando pedí un autógrafo en Londres a uno de los cantantes más famosos del mundo (no desvelo la sorpresa porque este capítulo merece una entrada aparte) porque Padre le admiraba mucho y me dijo que no. Y se me quedó cara de gilipollas integral. Y pensé que ese tío era imbécil y no merecía que la gente le hubiera seguido durante décadas, concierto tras concierto, sólo para ver su cara de cretino. Y, obviamente… se acabó el fenómeno fanS.
Lo que quiero decir es que nunca empapelé mi cuarto con posters de ningún tontaina (posiblemente heroinómano y/o adicto al sexo) ni me compré la SuperPop, ni fui a conciertos cual loca demente, ni grité al ver en la tele a mi cantante favorito…
(También es posible que no lo hiciera porque en la ciudad donde viví mi adolescencia no había ninguna opción para hacerlo… por no tener, no tuvimos ni siquiera Tele5 hasta que Twin Peaks se estaba acabando… todos los chulitos madrileños en el pueblo donde veraneaba hablaban de esa serie y yo sin saber de qué narices iba porque en mi pequeña ciudad no teníamos canales de televisión privada. Y cuando por fin tenemos Tele5, va la serie y se acaba. Crecer sin Tele5 y sin Zara, sin duda, explicará muchas de las taras que me acompañan).
No. Nunca me dio por ahí. Posiblemente, tenga algún trauma por ello y a lo mejor a los 50 me haga súper fanS de Julio Iglesias o Francisco o Jose Luis Perales… (dado que nunca me pinté y ahora soy fanS del maquillaje y de los vídeos de YouTube, todo podría ser…).
Básicamente no me dio por ahí porque siempre he pensado que esa gente es igual que yo, con más o menos suerte, y con más o menos voz o ritmo al moverse. Pero eso tampoco les hace especiales, ni tiene ningún mérito que alguien nazca con ese vozarrón o tenga más o menos flexibilidad a la hora de moverse…
Vamos, que son de carne y hueso y pueden merecer mi admiración, pero no mi dinero, ni mis horas de sueño, ni mis gritos desbocados…
¿O es que acaso alguien me venera por ser controller financiero? Joder, pues a mí me ha costado más, no me gustaba la contabilidad y tuve que estudiar una carrera. Y no, nunca he visto colas de gente en la puerta de mi casa, esperando para que les firme un autógrafo. Miraré a partir de ahora, por si acaso…
Por eso, cuando pienso (que lo hago muy a menudo) en el momento adolescente de Criatura, sé que si se me convierte en mega fanS de algún tontol’haba de esos, lo voy a llevar mal.
Hace unos meses, Justin Bieber, el niñato ese (de…14? 15 años?) cuyo flequillo terminará provocándole una conjuntivitis crónica y que canta esa canción que dice todo el rato lo de baby, baby, baby, vino a Madrid a dar un concierto.
Lo anunciaron en la radio, en la tele, en Internet… Allí había niñas haciendo cola desde varios días antes, durmiendo en la calle, saltándose sus clases y pasando frío sólo para verle. Bueno, hasta ahí… yo no lo he hecho nunca (será que soy muy comodona, pero… ¿dormir en la calle? ¿Por ver a un colega a 500 metros cantar con voz de niño?), pero entiendo que la adolescencia es muuuuu malita… Pero lo que me sorprendió fue esa madre, Paqui, creo recordar, que estaba la primera en esa cola…
Paqui, hija mía, pero… ¿qué coño haces?
Lo siento, pero no lo entiendo. ¿Qué narices hace una madre con su hija o hijo adolescente en esa cola? Durmiendo en el suelo, comiendo en el suelo, permitiendo que su criatura se salte las clases del instituto… ¿Y qué pinta ella ahí? ¿También grita en modo histérico cuando aparece el del flequillo?
¿Se pondrá una camiseta de merchandising flequillero para estar a juego con los adolescentes de la cola?
¿Le tirará el sujetador a Justin mientras le dice que quiere un hijo suyo? ¿Eso está penado por ley por tratarse de un menor?
¿Lo que siento hacia Paqui es envidia por no ser una madre guay?
¿Quieren en realidad los adolescentes tener una Paqui como madre?
Criatura, si me lees cuando seas adolescente, que sepas que, como mucho, te llevaré al concierto en coche y te recogeré cuando acabe.
Entiendo que la Criatura de Paqui esté como un cencerro, porque es lo que le toca a su edad, pero… no entiendo a Paqui. ¿Es saludable que una madre esté con su terrorista adolescente en ese tipo de actos? Es una especie de colegueo que no me parece ni mínimamente apropiado.
Desde luego, soy consciente de que tendré que tragar con posters, conciertos y grititos cuando Criatura llegue a esa edad, pero si se pone en una cola 10 días antes y pierde clase por ello, no contará con mi autorización, y mucho menos, con mi presencia.
Y vosotros, ¿qué opináis? ¿Tuvisteis una Paqui como madre? ¿Sois Paqui’s en potencia?